ESE ES MI CALZONCILLO

No sé cómo será la cosa ahora, pero cuando yo y mis amigos del colegio teníamos 15, la posibilidad de un viaje a donde sea era emocionante. Y si el viaje es a una playa despoblada y paradisíaca a donde nunca jamás fuiste, mejor.
Se van el Gordo, el Negro, el Burro y el Tanga. Comitiva peligrosa e inocente a la vez. No tan inocente como peligrosa, como cualquier ser humano de 15 años que se respete o pretenda alguna vez ser respetado.

En el aeropuerto Jorge Chávez la espera se torna densa. Los muchachos se organizan en dos grupos para que alguien cuide el equipaje de mano mientras otros caminan sin rumbo por el edificio. El Tanga y el Gordo vs el Burro y el Negro. El primer turno para el hueveo ambulatorio es para el Gordo y el Tanguita. Desaparecen entre la masa de viajeros y tripulantes y no vuelven más. Se les espera durante casi 3 horas sin que den señal alguna de vida. El Negro y el Burro sospechan y no se sienten cómodos en absoluto. Antes ya los han cagado estos dos pendejos. La idea es cagarlos de vuelta.

El Burro , creativo y emprendedor como siempre, decide sacar los calzoncillos del Tanga, flaco hasta la escualidez, de su maletín de mano y colocarlos dentro del equipaje del Gordo y viceversa. Al Gordo no se le dice así por las huevas.

Despega el avión y el sabotaje queda atrás. El pueblo piurano de Máncora en 1989, era demasiado perfecto como para pensar en cambiarse de calzoncillo o joderse pensando por qué a uno no le acomodan los que tiene puestos. Sobre todo si tienes 15 años.

El último día de la aventura, todos se cambiaban para enrumbar hacia el Aeropuerto de la ciudad de Piura y despegar hacia la realidad, cuando un grito interrumpió la tranquilidad del momento. “! Oe! ¡Ese es mi calzoncillo! El Gordo y el Tanga se cambiaban frente a frente, cuando al Gordo le llamó la atención que la ropa interior del Tanga tuviera un nudo a un lado como para que encaje con su escueta cintura y sus piernas estaban muy lejos de coincidir con el diámetro de las costuras de la prenda. El Gordo jamás se cambió de calzoncillo, así que para él era realmente una sorpresa.

Yo no sé cómo será la cosa ahora, pero cuando yo tenía 15 años, lo único que importaba era joder.