LA LEY S.OP.A.

Hace poco empezó a sonar en las redes sociales, bajo el título de ley S.O.P.A.(STOP ONLINE PIRACY ACT) una propuesta que genera discusiones interminables y enfrentamientos que lindan con lo ridículo, considerando el poco conocimiento del trasfondo de ésta que tiene el común de la gente. La visión general es superficial. La mayoría de los que discuten lo hacen sobre derechos de autor y ese tema es sólo una de las aristas de esta papa caliente e incendiaria.

Están los compositores que creen que ahora sí alguien protegerá sus derechos y volverán a ganar mucha plata como antes. Están los músicos y productores, que evalúan el asunto en base a cuantos centavos están dejando de ganar por cada disco que alguien baja gratis o simplemente quema en su computadora. Están los escritores que sienten que por fin verán partir sus ejemplares de los escaparates. Todo esto basándose por supuesto en la idea de que los que proponen esta ley están buscando la protección de los derechos de estos artistas y no el control final y tan ansiado, del único medio libre que queda para que la gente avance en base al intercambio infinito de la información.

Algunas industrias pretenden evitar lo inevitable yendo en contra del progreso de la tecnología y no se dan cuenta que no pagar por un disco por ejemplo, es siempre posible gracias a los medios tecnológicos actuales y a pesar de la ley. Voy a la casa de mi amigo y me lo quemo. Si lo cuelga y lo bajo es simplemente el siguiente paso y eso no puede ser malo. Tiene que ser bueno. El problema no fue nunca esencialmente la piratería sino la pobreza. Antes un chibolo pobre interesado en el rock clásico y en tocar la guitarra como Keith Richards hubiera tenido que ahorrar meses para juntar los 30 dólares para el disco original y más para las clases. Ahora entra a internet por 50 centavos la hora y puede escuchar más de un album completo de los Rolling Stones, bajarlo y quemarlo para oírlo en casa, ver una clase en Youtube y estar rompiéndola en la mitad del tiempo que antes. 

Esto se llama progreso y hacia cosas como esta debería ser enfocada la tecnología y sus alcances; para avanzar como sociedad. No para proteger los dólares de industrias obsoletas en sus filosofías y valores. Industrias que se dedican además a succionar el talento y sus frutos en base a reglas de juego abusivas y desproporcionadas en muchos casos. Como dice Joaquín Sabina: “los que más me roban no son los internautas que bajan mis temas gratis sino mi propia disquera”.

Por eso el mensaje sería: artistas y empresarios del arte, entendamos que detrás de esto está juego la libertad de expresión en un medio que hasta hoy nos ha servido para crecer gracias a su generosidad infinita. Protejamos el internet libre y no pisemos el palito de los poderosos por estar sólo concentrados en tirar agua para el propio molino. Por lo pronto que nos vayan trayendo un ceviche, porque no nos vamos a tomar esta SOPA.