LA VENGANZA DE LOS NO TAN HIPPIES

Mongomery decidió salir un rato a la calle con su pata Kenneth. Poeta por siempre joven y orate inquebrantable, como todo poeta que lo sea en realidad. Recio como todo descendiente de irlandeses y bestial como los jóvenes que se hicieron hombres arrancando la década del 90. Menor que Durbans en ese momento por unos 3 años. 18 y 21 tal vez. A parte de escritor, gran boxeador y pésimo ebrio. Parados en una bodeguita de la avenida Bolognesi enfrentaban cara a cara la difícil encrucijada de qué trago comprar. Cuál sería la oferta de licor que colmaría sus expectativas esa noche? Cuando estaban a punto de ponerse de acuerdo y comprar una botella de macerado de guinda, apareció un personaje de esos que te malogran la fiesta con sólo abrir la boca. Un Hippie artesano de la plaza de Barranco. Intentó buscarle la bronca a Kenneth para cobrarse la pateadura inclemente que éste le habría propinado un fin de semana anterior en Punta Hermosa. Montgomery no dudó en tomarlo del cuello con la mano que no sostenía la botella y mandar al carajo a este espectro del año 69 que osó retar a su causa. No porque Kenneth no pudiera reventarle la cara como la última vez, sino simplemente porque le gusta cuidar a su familia. Le puso la mano al muerto de hambre en el cuello y lo mandó a la esquina a ver si llovía. En Lima que no llueve nunca.

Una hora después, apoyados en una pared de la calle de los bares, Durbans y su amigo compartían un momento de alcohol y conversación sin molestar a casi nadie, cuando apareció un grupo de más o menos 15 desadaptados frente a ellos. Montgomery volteó a consultar a Kenneth sobre lo que acontecía y notó que él ya había huido. Un tipo enorme con sobretodo negro y acento venezolano le colocó la punta de un verduguillo en la garganta. Antes que el hueco fuera más grande y dejara escapar más sangre, Durbans sacó la mano del tipo de su cuello y arrancó a correr hacia un extremo del boulevard. Las botellas de cerveza se quebraban a su alrededor mientras él rompía su record de 80 metros planos. Al llegar a la esquina se sabía perdido hasta que del bar más grande de la calle salió Pietro, el cantante de su banda de ese momento y su hermano. Enorme e intimidante como él sólo, preguntó: Qué mierda pasa? – Me quieren matar! Fue la inmediata respuesta. A esto Pietro respondió con un rugido grueso y de terror: QUÉ PASA CARAJO!

Los malos arrugaron en el acto al notar que ni sus botellas ni su verduguillo aplacarían la ira de la bestia italiana. Durbans no paró de correr y caminando ya cansado por la avenida que lo llevaba a su casa, observó que detrás de un árbol una sombra le hacía la guardia. La cagada, pensó, y siguió caminando hasta descubrir que el personaje oculto tras el enorme tronco era Kenneth, aguardando asilo en casa de su amigo. Y en la calle quedó la huella de la inconciente rebeldía.

por: EDWIN TOSHIBA